En la Región de Atacama, específicamente en el valle del río Huasco, hay 16 mil hectáreas de vergel que se extienden desde Freirina, Vallenar, Alto del Carmen y San Félix, hasta los pies de los Andes. La vida ahí, entre aguas cristalinas, coronas del inca, floripondios y frutas de todo tipo, se ve apacible y grata.
La tierra es tan generosa que Milo Cisterna, un agricultor del valle del Huasco, y su esposa Graciela pueden vivir de una hectárea de terreno y cosechar todo el año. Por ejemplo, paltas gigantes de un kilo.
Pero este extenso paraíso, que también produce pisco de excelencia y la más cara uva de mesa, está perdiendo la paz que siempre tuvo.
Por ejemplo, este miércoles 4 de mayo hubo una marcha de cesantes para apoyar al proyecto "Pascua Lama", que significa una gran operación minera en el sitio en que nacen las aguas que alimentan al valle. Por cierto, ese plan -que implica remover glaciares cordilleranos- tiene también detractores.
4/5/2005