Fue justo un día antes de Navidad.
Los hermanos Javier Carrión, de catorce años, y Verónica Reveco, entonces de nueve años de edad, habían salido a comprar cubos de helados en la población Yungay.
De improviso se vieron envueltos en una balacera entre narcotraficantes.
Verónica recibió tres balazos en su pierna derecha, mientras que Javier murió luego de ser herido en la cabeza.
3/5/2005