Este lugar, según la tradición medieval transformado más tarde en dogma, es aquel al que van las almas de los niños que mueren sin recibir el sacramento del bautismo, y que se añadía al paraíso, al infierno y al purgatorio.
Con esta decisión se busca romper así una creencia católica de siglos.
Según la Comisión Teológica, ahora los niños sin bautizo serán enviados al paraíso gracias a la "infinita misericordia de Dios".
La idea de decretar la desaparición del limbo fue siempre apoyada por el Papa Benedicto XVI.
30/11/2005